Ocurrió en… 1920-1935

los locos años 20
“los locos años veinte”,

Al período de tiempo de este capítulo se le ha denominado con diferentes nombres: “los locos años veinte”, “los felices años veinte”, los años locos”…, pero todos los definían con tono jovial y con cierta alegría de vivir. El mundo entero deseaba olvidar el desastre ocurrido tan solo dos años antes (La Primera Guerra Mundial), generando odio entre naciones y más de diez millones de muertos.

Para combatir el shock que este estado emocional había dejado en toda la sociedad, surgen nuevas formas de abordar la vida; nuevos estilos de baile, alocados y desenfadados (el charlestón), el cinematógrafo empieza a cobrar auge, la ropa se vuelve más atrevida… la sociedad necesita reponerse de los recuerdos de años anteriores, y lo consigue. Si bien esta alegría duraría poco, la crisis económica que surge en Estados Unidos, en octubre de 1929, volverá a teñir de gris las esperanzas de mucha gente.

En lo que al mundo asegurador se refiere, España va a vivir una etapa de total renovación, continuadora de la iniciada hace apenas doce años. Aunque algunas de las entidades existentes desaparezcan, al no poder asumir las reglas que la  nueva Ley de Inscripción y Registro de Entidades de 1908 les impuso, son muchas más las que van a surgir en estos años.

 

Entre 1920 y 1933 verán la luz más de treinta nuevas aseguradoras, muchas de las cuales aún sobreviven. Entre ellas cabe citar: OCASO (1920), SANTA LUCÍA (1922) PLUS ULTRA (1924), GENERAL ESPAÑOLA DE SEGUROS (1928), CÍA. ESPAÑOLA DE SEGUROS DE CRÉDITO Y CAUCIÓN (1929), MINERVA (1932), MUTUA NACIONAL DEL AUTOMÓVIL (1933), MAPFRE (1933) o MESAI (1933).

La neutralidad de nuestro país ante la Primera Guerra Mundial, así como algunas medidas económicas adoptadas por el Gobierno de Primo de Rivera iban a beneficiar, durante unos años al sector asegurador.

Varios  son los avances que se consiguen, si bien son de reseñar aquellos que afectan al Seguro Social, donde encontramos la publicación de tres importantes leyes, tendentes a mejorar los beneficios sociales de los trabajadores:

    • La primera es la ley sobre el Régimen Obligatorio del Retiro Obrero, publicada en marzo de 1919, pero reglamentada el 21 de enero de 1921. En ella se establecían las bases para el establecimiento de un subsidio que permitiera que, al llegar a la edad de jubilación, el trabajador pudiera vivir con cierta holgura. A la construcción de este subsidio colaboraba tanto el trabajador como el patrono.
    • La segunda sería la Ley sobre el Subsidio de Maternidad (agosto de 1923), que se complementará con la ley sobre el Seguro Obligatorio de Maternidad (marzo de 1929), ambas encaminadas a proteger a la mujer trabajadora en los momentos del nacimiento de sus hijos. En el primer caso, el del subsidio, se establecía un permiso de 12 días, así como una indemnización de 50 pesetas, cada vez que la mujer trabajadora diera a luz. Con la publicación de la Ley sobre el Seguro Obligatorio, se ampliaban estos beneficios a la prestación médica durante el parto por matrona o médico, se ampliaba el permiso a seis semanas y la indemnización se ampliaba al salario que le correspondiera durante este período. Para que el Seguro entrara en vigor era necesario que la trabajadora estuviera dada de alta en el Retiro Obrero. Estos aspectos, tanto sociales, como sanitarios, que hoy nos pueden parecer tan básicos, en la época supusieron un avance revolucionario en las relaciones patrón – empleado – estado.
    • El tercer avance vendría de la mano de la nueva Ley de Accidentes del Trabajo, en enero de 1922; a través de la misma se mejoraba a su antecesora de 1900. La Ley estaba firmada por el Ministro de Trabajo, Leopoldo Matos y Massieu, que dio el nombre por la que después se la conoció: “Ley Matos”. Esta nueva ley elevaba las indemnizaciones para los trabajadores hasta un 50% de los valores anteriores, a la vez que establecía la “responsabilidad solidaria” para indemnizar al trabajador e incorporaba la figura de la “imprudencia profesional” por parte del empresario; pero, la más importante de las aportaciones, era la creación de la Caja Nacional del Seguro, a través de la cual se abonarían las indemnizaciones al trabajador en el caso de que el responsable de pagar no lo pudiera hacer.

Seguros Obligatorios de accidentes de trabajo y de viajeros

Esta actualización de la ley de 1900, que en principio parecía aportar únicamente mejoras sociales y económicas para el obrero, iba a tener pronto importantes repercusiones para el sector asegurador. El 4 de julio de 1932, y recién llegada la República al gobierno, se publica la Ley de Bases, por medio de la cual se convertía en obligatorio el aseguramiento de los accidentes de los trabajadores, por parte del patrono (hasta ahora era opcional asegurarlo o asumirlo por parte de la empresa).

El campo que esta nueva medida abría para las aseguradoras era amplísimo ya que, de repente, todas las empresas del país, debían contratar una póliza de seguros para sus trabajadores. Muchas de las entidades existentes se dedicarían de lleno al ramo de Accidentes del Trabajo. Solo en los meses de febrero y marzo de 1933 se autorizó la creación de seis Mutuas Patronales Agrarias dedicadas a operar en este ramo.

La medida se completaba con la creación de la Caja Nacional de Seguro de Accidentes del Trabajo, en dependencia del INP y que, a su vez, podía actuar también como asegurador, al igual que las entidades privadas. De este modo el Estado se convertía también en asegurador, en competencia directa con las aseguradoras.

Otro evento importante a destacar en este período es el nacimiento del Seguro Obligatorio de Viajeros. A diferencia de las leyes que hemos visto con anterioridad, con esta nueva ley, el Estado buscaba además un fin lucrativo. El auge que el turismo estaba alcanzando en España hacía necesaria la creación de un organismo que lo potenciara y planificara. Este organismo iba a ser el Patronato Nacional de Turismo, con un diseño de funcionalidades perfecto, pero nuestra Hacienda no tenía fondos para su puesta en marcha. La creación de un Seguro Obligatorio de viajeros conseguía así una doble función: asegurar a las personas que viajaban en ferrocarril, a la vez que establecer un impuesto sobre el mismo que permitiera financiar el Patronato del Turismo.

El último aspecto que consideraremos al analizar el Seguro español durante estos quince años va a ser el amplio desarrollo que el Sistema Chatelusiano alcanzó en nuestro país durante esta etapa. Entidades como LOS PREVISORES DEL PORVENIR o L’AMICH DEL POBLE CATALÁ canalizarán una buena parte del ahorro popular encaminado a financiar la jubilación de los participantes. La aparición del Retiro Obrero (con objetivos parecidos a los de los sistemas Chatelusianos) y la falta de base científica en los cálculos para operar de este tipo de compañías hicieron que tanto los sistemas como las entidades desaparecieran pocos años después. La primera de ellas se supo convertir, pasando a convertirse en PREVISORES REUNIDOS y en el Banco Popular Español.

Nuevos productos aseguradores
Durante el período 1920-1935 aparecieron varios y destacados nuevos productos aseguradores. Fue el caso de: El Seguro de Repatriación, El Seguro de Decesos o Enterramiento, El Seguro de Vida aplicado a viajes en aeroplano y el Seguro para la Cinematografía, aplicado tanto a los actores como a las producciones cinematográficas.

1891-1907 –  1908-1919 –  1920-19351936-19451945-1955